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El Arqueómetro: La Clave de la Armonía Invisible en la Iberia Sagrada

Introducción

Los misterios del arqueómetro

Por Cristina Mª Menéndez Maldonado

Bajo la apariencia de un mandala circular compuesto por geometrías elementales, escalas numéricas, símbolos zodiacales, notas musicales y alfabetos antiguos, el arqueómetro continúa siendo uno de los enigmas más desconcertantes del esoterismo moderno. Considerado por sus defensores como una suerte de “instrumento total” capaz de sintetizar las claves de todas las religiones, ciencias y artes sagradas de la antigüedad, este complejo planisferio simbólico sigue despertando fascinación y controversia a partes iguales.

La obra fue publicada en 1911 por los llamados “Amigos de Saint Yves D’Alveydre”, quienes recopilaron y ordenaron las notas de su maestro tras su muerte. El resultado fue un volumen extraño y hermético que reúne círculos concéntricos, letras de alfabetos supuestamente primordiales, correspondencias musicales, escalas cromáticas, signos zodiacales y complejas asociaciones numéricas, sin ofrecer nunca una explicación clara de su funcionamiento práctico.

Joseph Alexandre Saint Yves D’Alveydre (1842-1909), figura central del ocultismo francés, concebía el arqueómetro como la síntesis de una tradición primordial perdida, un lenguaje universal capaz de unificar arquitectura, música, astronomía, religión y metafísica bajo un mismo principio armónico. Para algunos estudiosos, se trató de un intento de restaurar una ciencia sagrada olvidada; para otros, de una construcción visionaria y excesivamente especulativa.

El astrólogo Serge Raynaud de la Ferriere, fundador de la Fraternidad Universal y defensor de la llegada de la Era de Acuario, definió el arqueómetro como “el cielo que habla”, una traducción material del Verbo en color, forma y sonido. Según esta interpretación, cada estrella, cada planeta y cada constelación contendrían un significado espiritual preciso, formando una especie de escritura cósmica capaz de revelar el sentido oculto de las antiguas tradiciones.

Agarttha y la tradición primordial

La raíz doctrinal del arqueómetro se encuentra en la idea de una tradición primordial conservada intacta en un misterioso centro espiritual llamado Agarttha. Saint Yves D’Alveydre describía este lugar como el depósito secreto de una sabiduría ancestral preservada desde tiempos inmemoriales.

La localización de Agarttha ha sido objeto de numerosas interpretaciones. Algunos autores la relacionan con el Monte Meru, montaña sagrada de la tradición hindú considerada eje espiritual del universo. Otros la sitúan en un reino subterráneo oculto bajo continentes y océanos.

Entre los testimonios más controvertidos figura el del contralmirante estadounidense Richard Evelyn Byrd, quien aseguró haber sobrevolado regiones interiores de la Tierra pobladas por montañas, lagos y formas de vida desconocidas. Sus relatos fueron rápidamente absorbidos por corrientes esotéricas que vieron en ellos una posible confirmación de la existencia de Agarttha.

El filósofo francés René Guénon retomó esta idea en su obra El Rey del Mundo, donde relacionó las narraciones de Saint Yves con las experiencias del explorador Ferdinand Ossendowski durante su viaje por Asia Central entre 1920 y 1921. Según Guénon, Agarttha representaría el centro espiritual oculto del mundo, custodiado por un legislador universal encargado de preservar la tradición sagrada de origen no humano.

La idea se enlaza además con otro concepto esencial en la obra de D’Alveydre: la “Sinarquía”, sistema político y espiritual basado en el gobierno de una élite iniciática encargada de mantener el equilibrio entre conocimiento, autoridad y orden social.

Sin embargo, no todos los investigadores aceptan una interpretación literal de Agarttha. El escritor Joaquín Albaicín sostiene que no se trataría de un lugar físico sino de un estado espiritual accesible únicamente a quienes hubiesen recuperado el llamado “estado adámico”, es decir, la condición primordial del ser humano anterior a la caída.

Una visión semejante expone el profesor de cábala Eduardo Madirolas Isasa, quien relaciona Agarttha con el “Edén superior” de la tradición cabalística. Según esta interpretación, el paraíso no sería un territorio geográfico sino un estado elevado de conciencia ligado a la sabiduría eterna.

René Guénon y los comentarios al arqueómetro

El misterio en torno al arqueómetro se vuelve aún más complejo al observar que los “Comentarios al arqueómetro”, publicados en la revista La Gnose dirigida por René Guénon, aparecieron entre 1910 y 1912, es decir, antes incluso de la publicación oficial del libro de Saint Yves.

El investigador Alberto Gallardo considera que esta anomalía editorial pudo deberse al intento de Guénon y su círculo de anticiparse a una interpretación excesivamente ocultista del arqueómetro. Según Gallardo, Guénon trató de ofrecer una lectura más tradicional y menos próxima a las corrientes esotéricas modernas, a las que acusaba de generar una profunda confusión espiritual.

Las fuentes de inspiración de Saint Yves también han sido objeto de debate. El propio autor afirmó haber recibido ciertas revelaciones gracias a contactos con iniciados orientales y, especialmente, a las indicaciones de un “augusto fallecido”.

Para algunos investigadores, estas afirmaciones reforzarían la dimensión revelada de su obra. Otros, como Joaquín Albaicín, consideran que Saint Yves fue sobre todo un visionario de gran imaginación literaria, cuyas ideas procedían más de experiencias subjetivas y facultades de videncia que de una auténtica transmisión iniciática.

La geometría del arqueómetro

El arqueómetro está estructurado mediante siete círculos concéntricos que contienen múltiples sistemas simbólicos relacionados entre sí. En ellos aparecen los signos zodiacales, planetas, notas musicales, colores y alfabetos sagrados.

Dos círculos principales giran en sentidos opuestos: uno imita el recorrido solar a través del zodiaco y el otro reproduce el movimiento inverso. En el interior destacan cuatro triángulos equiláteros que forman dos estrellas de David diferenciadas cromáticamente y vinculadas a los cuatro elementos clásicos: tierra, agua, aire y fuego.

La línea horizontal que une oriente y occidente representa los equinoccios y recibe el nombre de “línea de las grandes aguas”, mientras que el eje vertical simboliza los solsticios.

Los dos triángulos principales poseen además un significado espiritual. El triángulo superior o terrestre simboliza la vida inmortal y el principio activo; el inferior, asociado al agua, representa la evolución individual y la armonización con el cosmos.

Según Yves-Fred Boisset, autor de diversos estudios sobre Saint Yves D’Alveydre, el arqueómetro refleja conceptos cristianos relacionados con la caída de Adán y la pérdida de la palabra divina. El ser humano, expulsado del estado primordial, habría sustituido la palabra verdadera por otra imperfecta, alejándose progresivamente de la sabiduría original.

El camino iniciático propuesto por el arqueómetro consistiría precisamente en recuperar esa armonía perdida mediante una reintegración espiritual basada en la humildad, el conocimiento y el dominio de las pasiones.

Boisset relaciona además el sistema arqueométrico con la “música de las esferas” descrita por Pitágoras y Platón. Para él, la arquitectura, la música y las proporciones matemáticas formarían parte de una misma estructura cósmica gobernada por leyes armónicas universales.

Arquitectura y geometría sagrada

El arqueómetro mantiene una estrecha relación con la idea de arquitectura sagrada. El arquitecto Carlos Sánchez-Montaña señala que las grandes construcciones antiguas no sólo cumplían funciones utilitarias, sino que aspiraban a transmitir conocimiento y conectar al ser humano con el orden cósmico.

Monumentos como las pirámides de Egipto, el Panteón de Roma, el Pórtico de la Gloria compostelano o la catedral de Colonia serían ejemplos de una arquitectura concebida como vehículo espiritual.

Según Sánchez-Montaña, el arqueómetro parece recoger algunos principios heredados de tradiciones antiguas como la Gnomónica descrita por Vitruvio en sus Diez libros de Arquitectura. Esta disciplina estudiaba las relaciones entre los movimientos celestes, las proporciones y la construcción.

Vitruvio defendía que el arquitecto ideal debía dominar numerosas ciencias: geometría, música, filosofía, medicina, jurisprudencia y astrología. Una visión multidisciplinar que recuerda claramente a la ambición totalizadora del arqueómetro.

Desde esta perspectiva, el planisferio de Saint Yves intentaría reunir todas las artes y ciencias bajo un sistema armónico único donde color, sonido, forma y proporción respondiesen a una misma ley universal.

Simbología numérica y musical

El número desempeña un papel esencial dentro del sistema arqueométrico. Cada letra del alfabeto watan posee un valor numérico específico, y la suma total de todas ellas conduce simbólicamente al número 10, identificado con la totalidad y la creación universal.

Este principio remite directamente al “Tetraktys” pitagórico, considerado el número más sagrado por la escuela de Pitágoras. El diez simbolizaría así la perfección del cosmos y la totalidad en movimiento.

Dentro del arqueómetro, las doce notas musicales aparecen relacionadas con los signos zodiacales y los movimientos celestes. La nota Sol ocupa una posición privilegiada y constituye el eje de todo el sistema fonométrico ideado por Saint Yves.

Los seguidores del autor hablaban incluso de una “música cosmológica de las formas”, capaz de armonizar arquitectura, pintura y composición musical mediante leyes numéricas comunes.

La fonometría arqueométrica pretendía transformar el acto artístico inconsciente en una ciencia exacta basada en proporciones armónicas. Según esta concepción, las leyes que rigen la música serían las mismas que gobiernan los ciclos astrales y las estructuras del universo.

La primera obra musical vinculada al arqueómetro fue la Salutación Angélica, concebida como aplicación práctica de estas teorías.

No obstante, varios músicos contemporáneos cuestionan la coherencia del sistema. Eduardo Laguillo reconoce que la música comparte con la arquitectura una necesidad de equilibrio interno y proporción, pero señala que el arqueómetro propone armónicos muy alejados del sistema tonal occidental.

Por su parte, Miguel Gil, profesor del Conservatorio Superior de Asturias, destaca la contradicción existente entre el sistema occidental de doce notas temperadas y los modelos orientales de veintidós alturas o srutis utilizados en la India.

Según Gil, las doce notas occidentales responden a necesidades históricas concretas y no constituyen un modelo universal relacionado con las constelaciones o con leyes naturales absolutas.

El alfabeto watan y la palabra perdida

Uno de los aspectos más enigmáticos del arqueómetro es el llamado alfabeto watan, que Saint Yves consideraba heredero de la lengua primordial de los atlantes y reflejo del supuesto “alfabeto astral”.

De acuerdo con los comentarios atribuidos al círculo de René Guénon, Moisés habría conocido este lenguaje en los templos egipcios antes de que se perdiera progresivamente durante el cautiverio de Babilonia.

El watan estaría compuesto por veintidós letras: tres relacionadas con la Trinidad, siete vinculadas a los planetas y doce asociadas al zodiaco.

Dentro del arqueómetro se establecen correspondencias entre este alfabeto, la escritura hebrea, los signos zodiacales y las fuerzas planetarias. Saint Yves pretendía demostrar así la existencia de un lenguaje sagrado originario capaz de expresar las leyes profundas de la creación.

La palabra ocupa un lugar central en todo el sistema. Según la tradición adámica, las letras y sonidos primordiales poseían un poder efectivo sobre la naturaleza. Recuperar la palabra perdida equivaldría a restaurar la condición original del ser humano y su unión con la sabiduría divina.

La idea encuentra paralelismos en la cábala hebrea y especialmente en el Sefer Yetsirá, texto místico donde el universo surge mediante combinaciones de números, letras y nombres divinos.

Eduardo Madirolas explica que, dentro de esta tradición, las palabras sagradas no son simples signos lingüísticos, sino vibraciones esenciales que dan existencia a las cosas.

El arqueómetro aspiraría entonces a reconstruir ese lenguaje primordial mediante correspondencias entre sonido, número, color y forma.

Monte Meru y simbolismo universal

El simbolismo del Monte Meru ocupa un lugar destacado en la concepción arqueométrica. Considerado en la tradición hindú como eje del universo y morada de millones de dioses, el Meru representa el centro espiritual desde el cual se organiza el cosmos.

Algunas tradiciones tibetanas identifican este monte con el Kailash, situado en el Himalaya y rodeado de profundas asociaciones sagradas.

En Camboya, el complejo de Angkor Wat reproduce simbólicamente la estructura del Meru mediante una arquitectura concebida como representación del universo hindú.

Dentro del arqueómetro, el triángulo de la tierra simboliza precisamente el Monte Meru y el principio activo, mientras que el triángulo invertido del agua representa el principio pasivo.

La unión de ambos expresa la interacción de fuerzas opuestas y complementarias, equivalentes a conceptos alquímicos como azufre y mercurio.

El Monte Meru aparece además asociado al polo espiritual del universo y a la Jerusalén Celestial del Apocalipsis, donde el número simbólico 144.000 representa a los elegidos marcados por la Tau.

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Raimundo Lulio y las artes combinatorias

Diversos investigadores han señalado las semejanzas entre el arqueómetro y las “Ars” de Raimundo Lulio, filósofo mallorquín del siglo XIII.

Lulio desarrolló un sistema de combinaciones basado en letras, figuras geométricas y principios universales destinado a unificar el saber humano mediante relaciones lógicas y simbólicas.

En sus diagramas aparecen círculos móviles, atributos divinos, fuerzas planetarias y estructuras numéricas que recuerdan notablemente al planisferio de Saint Yves.

Para Alberto Gallardo, la diferencia fundamental radica en que el sistema de Lulio permanecía dentro del ámbito de la tradición cristiana, mientras que el arqueómetro pretende remontarse a una tradición primordial anterior a todas las religiones históricas.

En ambos casos, sin embargo, aparece la idea de una ciencia universal basada en correspondencias entre distintas artes y conocimientos.

Un enigma abierto

Más de un siglo después de su publicación, el arqueómetro continúa siendo un territorio ambiguo donde convergen metafísica, simbolismo, música, astrología, geometría y misticismo.

Para sus seguidores, representa una llave capaz de restituir la unidad perdida entre ciencia y espiritualidad. Para sus detractores, no deja de ser una construcción excesivamente especulativa, apoyada en analogías imposibles de verificar.

Sea cual sea su verdadera naturaleza, el arqueómetro sigue ejerciendo una poderosa fascinación. Su compleja red de símbolos parece insinuar la existencia de un orden oculto donde arquitectura, lenguaje, música y cosmos forman parte de una misma armonía secreta.

Como afirmaba Heráclito, “la armonía oculta es superior a la manifiesta”. Quizá sea precisamente esa promesa de un conocimiento escondido lo que mantiene vivo el misterio del arqueómetro: la intuición de que, tras la maraña de signos y correspondencias, podría ocultarse una antigua aspiración humana por comprender el universo como una totalidad unificada.

Y mientras sus claves permanezcan abiertas a la interpretación, el arqueómetro continuará suspendido entre la revelación y el enigma, entre la tradición sagrada y la imaginación visionaria, aguardando a quienes todavía se atrevan a recorrer su laberinto simbólico.

Cristina M.ª Menéndez Maldonado es periodista, guionista, escritora y locutora. Su experiencia abarca reportajes de investigación sobre ciencia, arquitectura, lugares mágicos desde hace más de 10 años. Es guionista y directora del premiado cortometraje "Desde el silencio", actualmente también colabora con Iberia Mágica.
Sinagoga del Agua de Úbeda - cabecera artículo en Iberia Mágica

La Sinagoga del Agua en Úbeda. La memoria de la piedra.

  • Texto: Cristina  Mª Menéndez Maldonado
  • Fotos: Gerson A. de Sousa Oliveira

Publicado en Más Allá de la Ciencia nº 57 (El presente artículo para Iberia Mágica es un extracto de dicho reportaje)

La ciudad jienense de Úbeda, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2003 por la UNESCO, aún tiene mucho por lo que sorprender. En 2010 vio la luz, después de siglos bajo los escombros, lo que para algunos expertos podría ser una sinagoga judía de los siglos X  o XI. Un enclave mágico, un retorno al pasado de las tres culturas -judía, cristiana y musulmana.

Los vecinos de la calle Rojas de Úbeda, nunca imaginaron que escondida entre sus paredes, bajo sus casas, entre los muros de una peluquería, dormía una Sinagoga de más de 1000 años de antigüedad. Su puesta en valor en 2010 fue posible gracias a la Familia Crespo-López, que invirtió su patrimonio personal para sacar a la luz la Sinagoga del agua, variando el proyecto inicial, que quería convertir el espacio en un edificio de viviendas de lujo.

La Sinagoga del agua, cegada por escombros durante diez siglos, tiene todos los elementos propios de una construcción medieval de estas características: La sala de oración en la que se llevaban a cabo los rituales propios judíos, la azara o galería de mujeres, lugar que ocupaban estas durante las ceremonias, ocultas tras celosías, y el Mikvé o baño ritual, piscina sacra para la purificación, que contiene de manera natural agua de la tierra, que está ubicada a su vez dentro de una campana de piedra que los arqueólogos han datado en el Neolítico. Los hallazgos en el lugar, de columnas alienadas, capiteles con símbolos judíos como el árbol de la vida, la flor de lis, yeserías, juguetes, platos policromados con simbología hebrea, etc, ofrecen pistas de su historia más secreta.

Personalidades del mundo judío, literario, académico han visitado este enclave desde su inauguración, dejando constancia en el libro de visitas. La piedra, la luz, el agua se confabulan en una mezcla de belleza, silencio y magia. Cada año, durante el solsticio de verano, la Sinagoga del agua vive uno de los momentos más sagrados e impactantes. Los rayos del sol durante estas fechas, penetran a través de la puerta principal del edificio, atraviesan un lucernario que comunica la sala de oración con el baño ritual, y con lentitud descienden los siete escalones del Mikvé hasta tocar las aguas. Un momento extraordinario, que para los testigos de este acontecimiento sobrecoge y asombra. En la belleza de esta visión en la que la luz y el agua se tocan, el espacio habla sin palabras, al igual que ocurre en otros lugares del mundo, en los que la luz disuelve las sombras y muestra su fuerza, como Stonehenge, las pirámides mayas o en tantos otros lugares en España, cuyas piedras están alineadas hacia el amanecer o el ocaso en solsticios o equinoccios. ¿Cómo pudo ser preservado este lugar durante más de diez siglos? ¿Cuáles son las huellas de ese pasado detenido bajo las máscaras del tiempo? ¿Cómo nos hablan sus piedras, columnas, relieves, espacios, de este mágico enclave? …

El siete, número importante del judaísmo, sale a nuestro encuentro como guía y testigo de otro tiempo. Siete es el símbolo de la perfección y siete son también los cielos de acuerdo con la tradición judía, al igual que siete son las salas descubiertas hasta el momento, y siete los escalones que conducen al Mikvé o baño ritual judío de esta sinagoga. Además de Crespo, guardián e impulsor de esta iniciativa, en el proyecto participaron el arquitecto José Manuel Villar, el aparejador José Andrés López, el catedrático de Dibujo Técnico Baltasar Raya, el carpintero Alonso Fernández, el forjador Gaspar Lendinez y el maestro cantero José Muñoz Moreno, asesor del proyecto. Siete hombres que trabajaron infatigablemente para devolver a este lugar la memoria de lo que fue y así protegerlo del olvido.

Sala de oración - Sinagoga del Agua, Úbeda - Imagen artículo en Iberia Mágica

MIRADAS EXPERTAS

Expertos interesados en el tema dieron su opinión al respecto en distintas publicaciones, como el doctor en Historia del Arte e Iconografía Pablo Jesús Lorite Cruz, que en su artículo sobre la situación y autenticidad de la sinagoga del Agua de Úbeda, publicado en la revista Clases historia, asegura: «La sinagoga del Agua es el caso de un edificio cegado tras su inutilización que se mantiene por ignorancia de su existencia». Y añade: «Hay una sala de oración, se conservan escaleras y columnas del segundo piso, correspondientes a una logia de mujeres orientada a la menorah, candelabro de siete brazos judío. La sala de rezo, diáfana, tiene 3 naves: la mayor, la central y la lateral. El mikvé, baño ritual, es una sacra piscina del tamaño de las comunes de la Edad Media, con escaleras (siete peldaños), que se utiliza para rituales de purificación».

Asimismo, el arquitecto Andrés Domingo López Rojas, en su tesis de fin de carrera, La sinagoga de los cerros, ya en segunda edición, explica detalladamente las razones que podrían confirmar que estamos ante una auténtica sinagoga judía: que tanto la sala principal como el Mikvé estén orientados hacia el Este, Jerusalén; la posible vivienda del rabino, que podría explicarse con el hallazgo de una cantina, llamada «sala de las tinajas», donde guardaban el vino, el aceite y los víveres, y que está muy cerca del lugar sagrado. Así mismo, José Almagro Alises, gran estudioso de la historia medieval de los Judíos y autor de numerosos artículos sobre el tema, no tuvo duda en afirmar que se trataba de una Sinagoga. «No existe Sinagoga sin galería de las mujeres»—afirma y añade «Uno de los símbolos que apoyan la autenticidad de la Sinagoga se encuentra en uno de sus capiteles, en el que aparece el lírio, símbolo de la pureza de la mujer hebrea»

Por su parte, Adela Tarifa comenta que «el edificio ejemplifica la multiculturalidad que existió en el pasado en las tierras de España».

La Sinagoga además, ha sido escenario de propuestas artísticas, musicales, presentaciones de libros, proyecciones de cine, conferencias, como la producida hace algunos años, con el apoyo del Ayuntamiento de Úbeda, sobre mujeres judías medievales, “Desde el silencio. El cortometraje «Desde el silencio. Mujeres judías en la España Medieval» trató de poner en valor la voz de las mujeres judías en el Medievo, que por su condición y circunstancias estuvieron aún más relegadas al silencio que sus coetáneas cristianas y musulmanas. 

A través de imágenes con figurantes se recreó lo que fue su vida, sus quehaceres, sus rituales de purificación, de boda, sus canciones y paralelamente hablar de ellas y sus circunstancias  a través de declarantes expertas como Mª Teresa Arias Bautista, historiadora medievalista y presidenta de la asociación ateneísta Clara Campoamor de Madrid, Violeta Varela, psicóloga de igualdad, la periodista Aurora de Andrés, la editora y escritora Mª Consuelo Altable, la investigadora en estudios sefarditas del CSIC Paloma Díaz-Más, la hebraísta Mª Antonia Bel y la musicóloga Virginia Sánchez. 

SOLSTICIO DE VERANO

La primera sala, de las siete descubiertas, nos lleva a un espacio dedicado a la inquisición, lo que no deja de sorprender. Sin embargo, esta recreación tiene una razón de ser. Junto a la Sinagoga se encuentra una casa con el escudo de la inquisición y la arquitectura sugiere que ambos edificios pudieron estar conectados entre sí y que dicha vivienda, pudo ser en un principio del Rabino.

Tras esta sala encontramos la denominada “Puerta del Alma”, que da paso a la sala de oración, rematada de arcos y además hay un lucernario ahora cubierto con un cristal, que comunica este espacio con el baño ritual. En un piso superior encontramos la galería de mujeres, desde el cual ellas podían ver el culto sin ser vistas.

Solsticio de verano en la Sinagoga del Agua, Úbeda - Imagen artículo en Iberia Mágica

Junto a la puerta del alma hay unas escaleras que conducen a un laberinto con forma de media luna, que nos guía hasta el Mikvé o baño ritual, abrigado por una campana neolítica. El acceso al baño tiene 7 escalones y durante el solsticio de verano se produce un fenómeno mágico. A través del lucernario de la sala de oración, los primeros rayos del verano lo atraviesan y se proyectan sobre las aguas vivas del baño. Un impactante momento que no deja indiferente a nadie y que muchas personas, a lo largo de los años, han presenciado.

El experto en geobiología Daniel Rubio pudo constatar, en el documental “Lo visible y lo invisible” que durante el solsticio la energía del lugar, aumenta de modo impresionante; la red sagrada se activa.  Dicha medición, a través del péndulo, determina las unidades bovis, con las que se establece la salud de un lugar.

Por su parte, para José Antonio Almagro Lechuga, experto en péndulo hebreo, no puede ser casual una estructura invisible tan potente, pues los lugares sagrados han sido sabiamente escogidos por su telurismo y sus flujos energéticos.

Así mismo para el vidente Ramón López Pérez en el punto donde se encuentra la puerta del Alma, percibió una pareja de judíos que lloraban tras haber sido expulsados, lo que enlaza con otras muchas sensibilidades  percibidas en el lugar.

Para los judíos y sus ritos de purificación es muy importante que las aguas fluyan del interior de la tierra; aguas vivas que aún en pleno siglo XXI siguen fluyendo en el Mikvé y lo harían también en la antigüedad, tal vez con rituales paganos ligados al sagrado femenino.

✠ TEMPLARIOS EN ÚBEDA ✠

Para el investigador Agustín Palacios, no cabe duda de que la Orden del Temple dejó su huella en Úbeda, pues al parecer, la conocida Plaza del Primero de Mayo donde se establecieron los judíos, también tuvo cerca a los Templarios y hay varios símbolos, entre los que se encuentra la Cruz Paté en la torre de la Iglesia de San Pablo, que lo atestiguan. Hasta 1312 año de la abolición del Temple, este actuó como amortiguador de conflictos, por lo que a partir de ese momento se dieron cruentas persecuciones contra los judíos y esto llevaría, irremediablemente a la expulsión de los judíos en 1492.

LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

En junio de 2024 tuvo lugar el estreno en Úbeda, en la Plazuela de la Judería, propiedad de la familia Crespo-López el documental sobre la Sinagoga del Agua, “Lo visible y lo invisible”, que contó con numerosos expertos en historia, arquitectura sagrada, geobiología, música, etc. En dicho documental se investigó el lugar desde diferentes perspectivas, lo que reveló interesantes conclusiones respecto de su ubicación, el solsticio de verano y la incidencia de su energía, así como la geometría de sus arcos y del Mikvé. Dicho documental fue premiado en la Muestra de Cine Internacional Astronómico, MICA, en 2024 y 2025 de Tenerife.

En la Sinagoga del agua, sus elementos se alinean para hacer funcionar su estructura, invisible a nuestros ojos, pero que es un verdadero atanor que conecta el cielo y la tierra. El espíritu y la materia, a través de un lenguaje vivo que nos habla con la piedra, el agua y la luz.

Cristina M.ª Menéndez Maldonado es periodista, guionista, escritora y locutora. Su experiencia abarca reportajes de investigación sobre ciencia, arquitectura, lugares mágicos desde hace más de 10 años. Es guionista y directora del premiado cortometraje "Desde el silencio", actualmente también colabora con Iberia Mágica.