La cueva de Hércules

  • Escrito Por José Ignacio Carmona.
  • Extraído del Libro del mismo autor “La España Mágica” Editorial

La Cueva de Hércules: Entre el Mito Hermético y la Ingeniería de Roma

Cuenta Ibn Hayyan que el Califa se maravilló no solo por lo singular del emplazamiento de un Toledo favorecido por la orografía, sino por la intrincada red de galerías y minas de un Toledo subterráneo en el que hubo de aventurarse [01].

El mito relacionado con la cueva o palacio encantado se relaciona con Hércules y tiene un indisimulado paralelismo con tradiciones homéricas. La creencia pagana en seres fabulosos habitantes de simas y cavernas fue reemplazada por la figura taumatúrgica del héroe. El culto a Hércules tuvo mucha fuerza en la Hispania antigua hasta prácticamente el siglo V AC. Trogo Pompeyo en su voluminosa
“Historia universal” nos aporta abundante información sobre las tradiciones y costumbres de los primitivos pueblos de España. 

El Sustrato Pagano y los Dioses de las Profundidades

Tradicionalmente los valles y desfiladeros como lugares sombríos y depresivos que se adentran en la tierra se han relacionado con el paganismo. Probablemente en Toledo hubieron de subsistir creencias paganas en época visigoda, pues existen referencias tales como el culto a los dioses culto a los dioses Endovelico y Ataecina a quienes se ofrecían sacrificios y demandaban oráculos y la veneración a una extraña divinidad subterránea bicorne a la que se conocía por el nombre de “Vestio” [02].

También Pedro de Rojas menciona en Toledo el culto subterráneo a deidades infernales y a las ninfas en su circo máximo. Concretamente este culto se elevaba a Conso y Marte. Parece razonable si atendemos lo que nos dice Vitrubio, situando el culto dedicado a las deidades paganas menores, generalmente extramuros.

Entre Misterios Egipcios y Linajes Bíblicos

Caso aparte es defender el culto Intramuros de Hércules en un templo romano. La leyenda sobre el origen de la cueva camina de la mano de la del propio   origen de la ciudad. Nos encontramos con un Hércules iniciado en los misterios egipcios que después de ir fundando ciudades a su paso sin quedarse en ninguna llega a Toledo cargado de una inmensa fortuna de oro y piedras preciosas. Maravillado, ordena realizar un palacio subterráneo donde deposita el tesoro e instruye a toda suerte de personajes en los misterios egipcios. Al regresar a Egipto, la cueva queda cerrada y custodiada por un pequeño grupo de guerreros con un secreto en su interior que profería una maldición para todo aquel que osase profanarla.

Otras fuentes opinan que   su fundador fue Tubal, o el griego Ferencio huido de Galicia tras matar a puñaladas a Amphiloco. Incluso se menciona al rey Pirro casado con Iberia hija del rey Ispahán [03].

La popularización de la figura de Tubal, hijo de Jafet y nieto de Noé embrida con una larga tradición que arranca con Flavio Josefo se continua con Jerónimo e Isidoro de Sevilla y definitivamente se consolida en la historia hispana con el arzobispo Jiménez de Rada. Es lo que muy oportunamente describe el profesor Jose A. Ayaso Martínez [04] como: “una necesidad de los estados cristianos por recrear una genealogía bíblica basada en la etnología canónica del Génesis”.

De tal modo esto es así que, Fogelquist cree advertir ecos bíblicos en el episodio de la destrucción de la Casa de Hércules por un águila que arroja un tizón, evocando a las plagas con que el Dios del Antiguo testamento hostigaba periódicamente al pueblo pecador [05].

La Cueva de Hércules - imagen 02 artículo en Iberia Mágica

El Enigma de la Ubicación: Templos y Leones Metálicos

Sixto Parro y el Vizconde de Palazuelas afirman que donde se sitúa la cueva hubo de existir un templo consagrado a Júpiter Capitolino, puntualizando que   por el origen indudablemente romano es imposible que fuera un templo construido por Tubal o Hércules. No obstante Sixto Parro en su “Toledo en la Mano” [06] sugiere la posibilidad de que el culto a Hércules se llevara a cabo en otro emplazamiento:

“…En ese mismo sitio de la Vega, no muy distantes de las del Circo y a su costado norte…convienen todos los historiadores toledanos en que pertenecen a un Templo que allí estuvo dedicado a alguna deidad gentílica…Pisa dice…Marte, Venus o Esculapio…Lozano y otros le atribuyen a Hércules, a quién parece que veneraban muy particularmente los toledanos por su Dios y por su rey…”

La crónica del moro Rasis menciona una torre de piedra de altura considerable levantada sobre cuatro leones metálicos en cuyo subsuelo existía una cueva donde se estudiaban ciertas artes herméticas. Lo cierto es que Toledo está horadado de cuevas naturales en su casco histórico que se ramifican hacia los aledaños, cuevas que bien pudieron ser posteriormente reacondicionadas por la mano del hombre. Singularmente este autor conoce perfectamente este particular, porque habitó una casa en la travesía Valdivias nº1 esquina calle Covarrubias, donde en sus subsuelos apareció una extraña cueva hoy en día lamentablemente sepultada sobre la que se erigía un ara de piedra.

La Realidad Arqueológica: El Castellum Aquae Romano

De todo este relato legendario solo encontramos un elemento con base real, la cueva. Una robusta cueva, a juzgar por el peso que hubo de soportar al emplazarse inmediatamente debajo de un templo.

Este famoso subterráneo efectivamente se emplazaba bajo el solar de que en tiempos fue Iglesia de San Gines, demolida en 1841 y cuyo terreno fue vendido a particulares durante la desamortización de Mendizábal.

Sobre la cueva de Hércules se ha escrito tanto que podría dar lugar a un género propio dentro de lo fantástico. La reutilización de algunas piedras ornamentadas con motivos geométricos en las casas que se edificaron sobre el solar de la parroquia retroalimento la leyenda.

Existen vestigios romanos del siglo I, visigodos del siglo III, constancia de una mezquita árabe del siglo XII y la citada Iglesia de San Gines derruida en 1830. Pero no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo cuando se ha determinado una solución más o menos satisfactoria para el enigma que se nos planteaba con su localización. Sin precisar si en tiempos fuera reutilizada como templo, catacumbas cristianas, escuela de magia, ciudad-refugio iberorromana comunicada por pasadizos o vía de escape, lo cierto es que su uso principal   forma parte de una logística militar, ya que se trata de un depósito de aguas (castellum) donde viene a finalizar el acueducto romano de 38 Km. que daba servicio a la ciudad desde el embalse de Alcantarilla (Mazarambroz). Este depósito abastecía prioritariamente al Alicen, donde hubo de residir la guarnición romana.

Los últimos estudios nos indican su uso como cisterna conectada mediante un ingenioso sistema hidráulico romano con otros vestigios como las termas romanas de la calle Amador de Los Ríos o las de los sótanos de Hacienda.

En fecha 31/05/2010 y en nota de prensa [07] local aparecida en el diario ABC se recoge la noticia del feliz hallazgo debajo de un garaje particular de la calle Amador de los Ríos, de los restos de unas termas. Los técnicos vienen a confirmar que los baños descubiertos anteriormente y las termas se relacionarían formando parte de una única estructura cuya extensión supera con creces lo conocido en ejemplos similares. Se detallan estancias calefactadas y espectaculares galerías levantadas en “opus Caementicium”. Julio Porres nos transmite que ya en 1612 y con motivo de la construcción de la casa profesa de los jesuitas, se documenta el hallazgo de unas bóvedas romanas conteniendo en su interior una estatua de mármol incompleta y diverso material cerámico. Los restos arquitectónicos y arqueológicos pasaron al olvido, siendo en tiempos sede del Santo oficio.

En la segunda fase de la excavación se encontraron veinticinco monedas de bronce de nuestra era debajo de los restos desmembrados de dos caballos y un perro. Estas monedas se datan en la segunda mitad del siglo IV, lo cual señalaría y fecharía el abandono del uso de la estructura.

Vitrubio, en el siglo I ya instruía en cómo debería repartirse el agua desde los castellum [08]:

“Cuando el agua llegue a la ciudad, se hará un depósito con una triple cisterna para recibirla; a este depósito se le adaptarán tres conductos que lo penetraran, conforme a una igual repartición, en las cisternas contiguas, de suerte que el agua rebose de los compartimentos laterales vaya a verterse en el centro. Así, el compartimiento central se colocarán las tuberías dirigidas a todos los estanques y surtidores; del segundo se las dirigirán a los baños, por lo cual será pagado por la ciudad; y el tercero servirá para abastecer las casas particulares, sin perjuicio del consumo público”.

Vitrubio en su “De Architectura” recoge los procesos de estas construcciones y aconseja el método de túneles, acueductos y sifones para salvar desniveles como era el caso de Toledo. El sifón servía para que el caudal de agua introducido proporcionara una carga hidráulica por la altura de la caída, ya que el agua al descender gana en presión y velocidad y supera el desnivel. Los romanos utilizaban para apuntar la presión tuberías de plomo, cerámica o sillar.

La Cueva de Hércules - imagen 01 artículo en Iberia Mágica

Las Seis Expediciones Históricas al Subterráneo

Volviendo a la Cueva de San Gines, hasta época reciente en que ha tenido lugar una concienzuda intervención arqueológica dirigida por Vasilis Tsiolis solo conocíamos su interior por el precedente de seis Expediciones anteriores [09]:

1- Cardenal Siliceo 1546

El DR. Salazar de Mendoza en 1625 apunta a como este cardenal mando limpiar la entrada y bajaron con linternas, cuerdas y provisiones. Era verano y encontraron la temperatura muy agradable. Entraron al amanecer y salieron al anochecer, declarando bajo juramento, que como a media legua entre levante y septentrión se toparon con unas estatuas de bronce sobre un ara, que una de ellas cayo con gran estruendo y que hubieron de salir asustados. Posteriormente fallecen todos los miembros de la expedición Luis de Hurtado el cronista más cercano cronológicamente a esta expedición es mucho más prosaico, dice que solo encontraron basura y bajas argamasas. El maestro de maestros Marcelino Menéndez Pelayo en su “Historia de los heterodoxos españoles” [10] nos
dice cómo el arzobispo Siliceo se limitó a mandar tapiar la cueva tras no hallar otra cosa sus expedicionarios que grandes murciélagos.

El Conde de Mora lleva hasta el delirio un cronicón sobre la cueva basado en “la Historia del Orbe”, donde habla de un muchacho que penetra en la cueva por accidente huyendo del castigo de su amo y
que sale a tres leguas de la ciudad hacia el camino de Añover. Curiosamente no toma en cuenta el elemento fantástico de un tesoro custodiado por un perro (can-Cerbero). No empero, Fernando Ruiz de la Puerta refiere una extraña cueva en la finca de Higuares que bien pudiera conectarse con la de San Gines.

2- Carbonero y Sol 1839

Bajaron desde la Iglesia y hallaron un recinto lleno de cadáveres de antiguos feligreses, pues hasta José Napoleón era costumbre encontrar sepultura en las parroquias de referencia. Vieron la clave de un arco de grandes dovelas obstruido por lo restos insalubres de los mismos enterramientos.

3- San Marcial 1851

José Amador de los Ríos recoge el testimonio de Nicolás Magan, corresponsal del “Semanario pintoresco”: ni cloacas, ni cueva maravillosa, solo bóvedas descubiertas de 40 a 50 pies de largo por 25 a 30 de ancho terminando en piedra viva que se levanta hasta el cañón de dichas bóvedas. Refiere también dos fuertes muros de contención y el origen indudablemente romano de la obra.

4- González Simancas 1929. Entró por la calle de San Gines y clasifica la cueva como musulmana o mudéjar basándose en los ladrillos vistos.

5- A. Díaz Sastre. Se introdujo por un hueco circunstancial abierto en el jardín de la casa número 3 del callejón de San Gines. Encontró numerosos restos humanos apilados bajo los arcos de sillería.

6- Ventura F. López, septiembre de 1929. Aun alterando el orden cronológico de las expediciones he dejado para la última esta curiosa y “denostada” aportación del sacerdote por lo llamativo de su hipótesis. No obstante Ventura López demuestra a tenor del plano que dibujo él mismo coincidente con la planta, que estuvo físicamente en la cueva.

En su opúsculo titulado “El templo de Melkart en Toledo” nos transmite:

“Yo no la vi, hasta que les dio la ocurrencia a dos aficionados de limpiar de escombros su entrada…vi.…un templo fenicio completo…un arco pelásgico a todas luces…con otros dos…pasaban por romanos…Esta planta es la de un templo asirio…con su zigurat y todo…solo
falta confrontarla con la de Biblos para hallar su simbolismo…no se sabe lo que es un monolito con trazas de ídolo que en un ángulo de su interior se levanta…Y como quiera que la cueva de Hércules junto al Zigurat o torre va hacia el Oeste , y al lado de la puerta del naciente …hay un pozo en diagonal con la cueva, no necesitamos más saber que es por donde el sol se hunde en el misterio, puesto que es donde marca su término la sombra del monolito , pasada la hora nona. El simbolismo, pues de este templo de Melkart, es el mito según el cual el sol al ponerse duerme en la cueva de Cádiz que es el Oeste…Hércules es el sol; y sus trabajos, los doce meses del año que producen las manzanas de oro del jardín de las Hespérides…”

NOTAS

[01] Joaquín Valle. “La frontera de Toledo en el siglo X”. Simposio Toledo Hispanoárabe.

[02] Fernando Ruiz De la Puerta. “La leyenda mágica de Toledo”.Actas del congreso Toledo mágico y heterodoxo”. Caja de Toledo 1988.

[03] José A. García Diego. “La Cueva de Hércules”. Revista de Obras Publicas octubre de 1974.

[04] “Antigüedad y excelencia de la diáspora judía en la Península ibérica”.

[05] Jon Juaristi. “El reino del Ocaso: España como sueño ancestral”. Espasa-Calpe 2004.

[06] Sixto Parro. “Toledo en la Mano”. Imprenta de Severiano López 1857.

[07] M.M “Las termas del Garaje” ABC Toledo.

[08] Jorge Castellote Peña. “El Agua de los romanos”. Revista Historia 16 nº 303.

[09] Julio Porres. “Comentarios al artículo LA CUEVA DE HERCULES de José A. García Diego”. Revista de Obras Públicas mayo de 1975.

[10] CSIC. Volumen II.

José Ignacio Carmona Sánchez es escritor, conferenciante y experto en simbología, masonería y filosofía de la historia. Su trayectoria de décadas en la investigación del Toledo esotérico y la herencia sefardí le ha valido reconocimientos como la Medalla de las Cuatro Sinagogas de Jerusalén. Es autor de libros de referencia como 'Toledo y la Mesa de Salomón' o 'La España Mágica', colaborador habitual en medios audiovisuales y director del programa 'Soñando Sueños' en Radio Sefarad, actualmente también colabora con Iberia Mágica.

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