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La cueva de Hércules

  • Escrito Por José Ignacio Carmona.
  • Extraído del Libro del mismo autor “La España Mágica” Editorial

La Cueva de Hércules: Entre el Mito Hermético y la Ingeniería de Roma

Cuenta Ibn Hayyan que el Califa se maravilló no solo por lo singular del emplazamiento de un Toledo favorecido por la orografía, sino por la intrincada red de galerías y minas de un Toledo subterráneo en el que hubo de aventurarse [01].

El mito relacionado con la cueva o palacio encantado se relaciona con Hércules y tiene un indisimulado paralelismo con tradiciones homéricas. La creencia pagana en seres fabulosos habitantes de simas y cavernas fue reemplazada por la figura taumatúrgica del héroe. El culto a Hércules tuvo mucha fuerza en la Hispania antigua hasta prácticamente el siglo V AC. Trogo Pompeyo en su voluminosa
“Historia universal” nos aporta abundante información sobre las tradiciones y costumbres de los primitivos pueblos de España. 

El Sustrato Pagano y los Dioses de las Profundidades

Tradicionalmente los valles y desfiladeros como lugares sombríos y depresivos que se adentran en la tierra se han relacionado con el paganismo. Probablemente en Toledo hubieron de subsistir creencias paganas en época visigoda, pues existen referencias tales como el culto a los dioses culto a los dioses Endovelico y Ataecina a quienes se ofrecían sacrificios y demandaban oráculos y la veneración a una extraña divinidad subterránea bicorne a la que se conocía por el nombre de “Vestio” [02].

También Pedro de Rojas menciona en Toledo el culto subterráneo a deidades infernales y a las ninfas en su circo máximo. Concretamente este culto se elevaba a Conso y Marte. Parece razonable si atendemos lo que nos dice Vitrubio, situando el culto dedicado a las deidades paganas menores, generalmente extramuros.

Entre Misterios Egipcios y Linajes Bíblicos

Caso aparte es defender el culto Intramuros de Hércules en un templo romano. La leyenda sobre el origen de la cueva camina de la mano de la del propio   origen de la ciudad. Nos encontramos con un Hércules iniciado en los misterios egipcios que después de ir fundando ciudades a su paso sin quedarse en ninguna llega a Toledo cargado de una inmensa fortuna de oro y piedras preciosas. Maravillado, ordena realizar un palacio subterráneo donde deposita el tesoro e instruye a toda suerte de personajes en los misterios egipcios. Al regresar a Egipto, la cueva queda cerrada y custodiada por un pequeño grupo de guerreros con un secreto en su interior que profería una maldición para todo aquel que osase profanarla.

Otras fuentes opinan que   su fundador fue Tubal, o el griego Ferencio huido de Galicia tras matar a puñaladas a Amphiloco. Incluso se menciona al rey Pirro casado con Iberia hija del rey Ispahán [03].

La popularización de la figura de Tubal, hijo de Jafet y nieto de Noé embrida con una larga tradición que arranca con Flavio Josefo se continua con Jerónimo e Isidoro de Sevilla y definitivamente se consolida en la historia hispana con el arzobispo Jiménez de Rada. Es lo que muy oportunamente describe el profesor Jose A. Ayaso Martínez [04] como: “una necesidad de los estados cristianos por recrear una genealogía bíblica basada en la etnología canónica del Génesis”.

De tal modo esto es así que, Fogelquist cree advertir ecos bíblicos en el episodio de la destrucción de la Casa de Hércules por un águila que arroja un tizón, evocando a las plagas con que el Dios del Antiguo testamento hostigaba periódicamente al pueblo pecador [05].

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El Enigma de la Ubicación: Templos y Leones Metálicos

Sixto Parro y el Vizconde de Palazuelas afirman que donde se sitúa la cueva hubo de existir un templo consagrado a Júpiter Capitolino, puntualizando que   por el origen indudablemente romano es imposible que fuera un templo construido por Tubal o Hércules. No obstante Sixto Parro en su “Toledo en la Mano” [06] sugiere la posibilidad de que el culto a Hércules se llevara a cabo en otro emplazamiento:

“…En ese mismo sitio de la Vega, no muy distantes de las del Circo y a su costado norte…convienen todos los historiadores toledanos en que pertenecen a un Templo que allí estuvo dedicado a alguna deidad gentílica…Pisa dice…Marte, Venus o Esculapio…Lozano y otros le atribuyen a Hércules, a quién parece que veneraban muy particularmente los toledanos por su Dios y por su rey…”

La crónica del moro Rasis menciona una torre de piedra de altura considerable levantada sobre cuatro leones metálicos en cuyo subsuelo existía una cueva donde se estudiaban ciertas artes herméticas. Lo cierto es que Toledo está horadado de cuevas naturales en su casco histórico que se ramifican hacia los aledaños, cuevas que bien pudieron ser posteriormente reacondicionadas por la mano del hombre. Singularmente este autor conoce perfectamente este particular, porque habitó una casa en la travesía Valdivias nº1 esquina calle Covarrubias, donde en sus subsuelos apareció una extraña cueva hoy en día lamentablemente sepultada sobre la que se erigía un ara de piedra.

La Realidad Arqueológica: El Castellum Aquae Romano

De todo este relato legendario solo encontramos un elemento con base real, la cueva. Una robusta cueva, a juzgar por el peso que hubo de soportar al emplazarse inmediatamente debajo de un templo.

Este famoso subterráneo efectivamente se emplazaba bajo el solar de que en tiempos fue Iglesia de San Gines, demolida en 1841 y cuyo terreno fue vendido a particulares durante la desamortización de Mendizábal.

Sobre la cueva de Hércules se ha escrito tanto que podría dar lugar a un género propio dentro de lo fantástico. La reutilización de algunas piedras ornamentadas con motivos geométricos en las casas que se edificaron sobre el solar de la parroquia retroalimento la leyenda.

Existen vestigios romanos del siglo I, visigodos del siglo III, constancia de una mezquita árabe del siglo XII y la citada Iglesia de San Gines derruida en 1830. Pero no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo cuando se ha determinado una solución más o menos satisfactoria para el enigma que se nos planteaba con su localización. Sin precisar si en tiempos fuera reutilizada como templo, catacumbas cristianas, escuela de magia, ciudad-refugio iberorromana comunicada por pasadizos o vía de escape, lo cierto es que su uso principal   forma parte de una logística militar, ya que se trata de un depósito de aguas (castellum) donde viene a finalizar el acueducto romano de 38 Km. que daba servicio a la ciudad desde el embalse de Alcantarilla (Mazarambroz). Este depósito abastecía prioritariamente al Alicen, donde hubo de residir la guarnición romana.

Los últimos estudios nos indican su uso como cisterna conectada mediante un ingenioso sistema hidráulico romano con otros vestigios como las termas romanas de la calle Amador de Los Ríos o las de los sótanos de Hacienda.

En fecha 31/05/2010 y en nota de prensa [07] local aparecida en el diario ABC se recoge la noticia del feliz hallazgo debajo de un garaje particular de la calle Amador de los Ríos, de los restos de unas termas. Los técnicos vienen a confirmar que los baños descubiertos anteriormente y las termas se relacionarían formando parte de una única estructura cuya extensión supera con creces lo conocido en ejemplos similares. Se detallan estancias calefactadas y espectaculares galerías levantadas en “opus Caementicium”. Julio Porres nos transmite que ya en 1612 y con motivo de la construcción de la casa profesa de los jesuitas, se documenta el hallazgo de unas bóvedas romanas conteniendo en su interior una estatua de mármol incompleta y diverso material cerámico. Los restos arquitectónicos y arqueológicos pasaron al olvido, siendo en tiempos sede del Santo oficio.

En la segunda fase de la excavación se encontraron veinticinco monedas de bronce de nuestra era debajo de los restos desmembrados de dos caballos y un perro. Estas monedas se datan en la segunda mitad del siglo IV, lo cual señalaría y fecharía el abandono del uso de la estructura.

Vitrubio, en el siglo I ya instruía en cómo debería repartirse el agua desde los castellum [08]:

“Cuando el agua llegue a la ciudad, se hará un depósito con una triple cisterna para recibirla; a este depósito se le adaptarán tres conductos que lo penetraran, conforme a una igual repartición, en las cisternas contiguas, de suerte que el agua rebose de los compartimentos laterales vaya a verterse en el centro. Así, el compartimiento central se colocarán las tuberías dirigidas a todos los estanques y surtidores; del segundo se las dirigirán a los baños, por lo cual será pagado por la ciudad; y el tercero servirá para abastecer las casas particulares, sin perjuicio del consumo público”.

Vitrubio en su “De Architectura” recoge los procesos de estas construcciones y aconseja el método de túneles, acueductos y sifones para salvar desniveles como era el caso de Toledo. El sifón servía para que el caudal de agua introducido proporcionara una carga hidráulica por la altura de la caída, ya que el agua al descender gana en presión y velocidad y supera el desnivel. Los romanos utilizaban para apuntar la presión tuberías de plomo, cerámica o sillar.

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Las Seis Expediciones Históricas al Subterráneo

Volviendo a la Cueva de San Gines, hasta época reciente en que ha tenido lugar una concienzuda intervención arqueológica dirigida por Vasilis Tsiolis solo conocíamos su interior por el precedente de seis Expediciones anteriores [09]:

1- Cardenal Siliceo 1546

El DR. Salazar de Mendoza en 1625 apunta a como este cardenal mando limpiar la entrada y bajaron con linternas, cuerdas y provisiones. Era verano y encontraron la temperatura muy agradable. Entraron al amanecer y salieron al anochecer, declarando bajo juramento, que como a media legua entre levante y septentrión se toparon con unas estatuas de bronce sobre un ara, que una de ellas cayo con gran estruendo y que hubieron de salir asustados. Posteriormente fallecen todos los miembros de la expedición Luis de Hurtado el cronista más cercano cronológicamente a esta expedición es mucho más prosaico, dice que solo encontraron basura y bajas argamasas. El maestro de maestros Marcelino Menéndez Pelayo en su “Historia de los heterodoxos españoles” [10] nos
dice cómo el arzobispo Siliceo se limitó a mandar tapiar la cueva tras no hallar otra cosa sus expedicionarios que grandes murciélagos.

El Conde de Mora lleva hasta el delirio un cronicón sobre la cueva basado en “la Historia del Orbe”, donde habla de un muchacho que penetra en la cueva por accidente huyendo del castigo de su amo y
que sale a tres leguas de la ciudad hacia el camino de Añover. Curiosamente no toma en cuenta el elemento fantástico de un tesoro custodiado por un perro (can-Cerbero). No empero, Fernando Ruiz de la Puerta refiere una extraña cueva en la finca de Higuares que bien pudiera conectarse con la de San Gines.

2- Carbonero y Sol 1839

Bajaron desde la Iglesia y hallaron un recinto lleno de cadáveres de antiguos feligreses, pues hasta José Napoleón era costumbre encontrar sepultura en las parroquias de referencia. Vieron la clave de un arco de grandes dovelas obstruido por lo restos insalubres de los mismos enterramientos.

3- San Marcial 1851

José Amador de los Ríos recoge el testimonio de Nicolás Magan, corresponsal del “Semanario pintoresco”: ni cloacas, ni cueva maravillosa, solo bóvedas descubiertas de 40 a 50 pies de largo por 25 a 30 de ancho terminando en piedra viva que se levanta hasta el cañón de dichas bóvedas. Refiere también dos fuertes muros de contención y el origen indudablemente romano de la obra.

4- González Simancas 1929. Entró por la calle de San Gines y clasifica la cueva como musulmana o mudéjar basándose en los ladrillos vistos.

5- A. Díaz Sastre. Se introdujo por un hueco circunstancial abierto en el jardín de la casa número 3 del callejón de San Gines. Encontró numerosos restos humanos apilados bajo los arcos de sillería.

6- Ventura F. López, septiembre de 1929. Aun alterando el orden cronológico de las expediciones he dejado para la última esta curiosa y “denostada” aportación del sacerdote por lo llamativo de su hipótesis. No obstante Ventura López demuestra a tenor del plano que dibujo él mismo coincidente con la planta, que estuvo físicamente en la cueva.

En su opúsculo titulado “El templo de Melkart en Toledo” nos transmite:

“Yo no la vi, hasta que les dio la ocurrencia a dos aficionados de limpiar de escombros su entrada…vi.…un templo fenicio completo…un arco pelásgico a todas luces…con otros dos…pasaban por romanos…Esta planta es la de un templo asirio…con su zigurat y todo…solo
falta confrontarla con la de Biblos para hallar su simbolismo…no se sabe lo que es un monolito con trazas de ídolo que en un ángulo de su interior se levanta…Y como quiera que la cueva de Hércules junto al Zigurat o torre va hacia el Oeste , y al lado de la puerta del naciente …hay un pozo en diagonal con la cueva, no necesitamos más saber que es por donde el sol se hunde en el misterio, puesto que es donde marca su término la sombra del monolito , pasada la hora nona. El simbolismo, pues de este templo de Melkart, es el mito según el cual el sol al ponerse duerme en la cueva de Cádiz que es el Oeste…Hércules es el sol; y sus trabajos, los doce meses del año que producen las manzanas de oro del jardín de las Hespérides…”

NOTAS

[01] Joaquín Valle. “La frontera de Toledo en el siglo X”. Simposio Toledo Hispanoárabe.

[02] Fernando Ruiz De la Puerta. “La leyenda mágica de Toledo”.Actas del congreso Toledo mágico y heterodoxo”. Caja de Toledo 1988.

[03] José A. García Diego. “La Cueva de Hércules”. Revista de Obras Publicas octubre de 1974.

[04] “Antigüedad y excelencia de la diáspora judía en la Península ibérica”.

[05] Jon Juaristi. “El reino del Ocaso: España como sueño ancestral”. Espasa-Calpe 2004.

[06] Sixto Parro. “Toledo en la Mano”. Imprenta de Severiano López 1857.

[07] M.M “Las termas del Garaje” ABC Toledo.

[08] Jorge Castellote Peña. “El Agua de los romanos”. Revista Historia 16 nº 303.

[09] Julio Porres. “Comentarios al artículo LA CUEVA DE HERCULES de José A. García Diego”. Revista de Obras Públicas mayo de 1975.

[10] CSIC. Volumen II.

José Ignacio Carmona Sánchez es escritor, conferenciante y experto en simbología, masonería y filosofía de la historia. Su trayectoria de décadas en la investigación del Toledo esotérico y la herencia sefardí le ha valido reconocimientos como la Medalla de las Cuatro Sinagogas de Jerusalén. Es autor de libros de referencia como 'Toledo y la Mesa de Salomón' o 'La España Mágica', colaborador habitual en medios audiovisuales y director del programa 'Soñando Sueños' en Radio Sefarad, actualmente también colabora con Iberia Mágica.
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La Mesa de Salomón: El Espejo del Cosmos en la Hispania Visigoda

Introducción

La Mesa de Salomón descifrada: Homenaje a Federico González

El reinado de Salomón supuso la edad de oro del pequeño Estado hebreo, un paréntesis de paz y prosperidad en una oscura historia de guerras y cautiverios. La imagen de Salomón toma elementos estereotipados procedentes de Persia y Babilonia, pero termina siendo tributaria del Egipto faraónico, pues las influencias dominantes en el Israel de la época en que se escribieron los libros históricos de la Biblia procedían de los círculos judíos helenizados de Alejandría y otras ciudades egipcias. La elección de Salomón como rey de Israel estuvo precedida de diversas intrigas políticas, pues hubo de deshacerse de otros candidatos como eran Amnón, Absalón y Adonías. Solo a través de la profecía logra realizar su monarquía con sentido religioso. Salomón no solo era el elegido, era ante todo “el Ungido”.

Ya veremos qué importante es después de enfatizar, aclarar con espíritu de síntesis este particular, pues guarda una íntima relación con la mística judía, la exégesis, y la arquitectura sagrada. Dentro del judaísmo se desarrolló una compleja tradición mística alrededor de las interpretaciones esotéricas del carro celestial: la merkavah y los hekhalot. Cualquier otro acercamiento profano tanto a la figura de Salomón como su archifamosa “Mesa”, nos distraerá en infundadas –por profanas– especulaciones, lo que ha dado lugar a una toda una literatura de género.

Los mitos son discursos que recogen hechos transcendentales y básicos de la cosmovisión de un grupo social. Consecuentemente el “mito” de la mesa de Salomón es indisoluble del Templo, y surge de una tramoya que aúna diversas mitologías. Los autores, cabe destacar entre otros a Ricardo de San Víctor (1110-1173) y al jesuita Juan Bautista de Villalpando (1552-1608), al hablar del Templo basan sus descripciones en el libro de los Reyes, en la visión de Ezequiel y en una prefiguración visual de la Jerusalén Celeste. Sin embargo, la interpretación más completa y sofisticada del significado del Templo procede del filósofo judío Filón de Alejandría. En Filón se combina la devota lealtad al judaísmo con un profundo amor a la filosofía griega.

La simbiosis entre textos bíblicos y arquitectura determina que todos los elementos asociados al Templo, incluida la mesa, se sujetan a las concepciones antropométricas de la proporción y al principio Vitrubiano de “la simetría”. La magia, como dice Borges, «es una casualidad distinta», y el Templo de Salomón es el resultado de una compleja red de correspondencias. El Templo prefigura la Creación, y cada elemento guarda correlación con el cosmos. 1 Los hebreos dividían el universo en dos partes, de modo que el plano redondo de la tierra con sus mares y continentes servía de diafragma. En la parte superior de este diafragma, el cielo (chamajim) se eleva desde los extremos de la tierra como una gran bóveda. En la parte inferior estaba el abismo representado por las aguas subterráneas.

El cielo, raquia, traducido libremente por la Vulgata como firmamentum, era una bóveda sólida que en Job (XXXVII, 18) es comparada a un espejo de metal.

Los hebreos no tuvieron en uso en su horizonte nada más que cuatro direcciones y jamás distinguieron más que cuatro vientos. Las cuatro direcciones corresponden a nuestros puntos cardinales, y según algunos autores como Antonio Stoppani Salomón sería el autor del Qoheleth, donde se verifica que los hebreos conocían la circulación atmosférica de las aguas, tal como hoy enseñan los libros de meteorología y la física terrestre.Los eclipses de Sol y de Luna no eran desconocidos para los hebreos, así como eran conocidas las constelaciones de la Osa y de Orión, las Pléyades, cada una con su propio nombre, tal como constatamos más de una vez en el Antiguo Testamento. Gesenius admite la interpretación de mazzaroth como signos zodiacales, rechaza  el  significado  de  “corona”  traduciendo  por  “astros  premonitorios”,  de  la  raíz nazar (advertir). En el mismo Templo encontramos ingenios astronómicos como la escalera de Acab, líneas horarias de un cuadrante solar. Así pues, la alusión que hacen algunas fuentes asimilando la Mesa de Salomón a un Espejo a través del cual pueden observarse los siete cielos, queda justificada por la relación de la Mesa con los misterios celestes y la toma en consideración de la figura de Salomón como astrólogo.

No olvidemos que Salomón, según las escrituras, y no solo la literatura mágica, es profundo conocedor de los secretos celestes. En el cántico de Deborah, que es uno de los más antiguos monumentos de la literatura hebraica, se hace referencia al movimiento diurno de las estrellas y en relación a aquél está el Libro de la Sabiduría (VII, 19) donde aparece Salomón gloriándose de conocer entre otras muchas cosas el concepto astronómico de la previsión de los movimientos celestes, y tal vez el concepto astrológico de las configuraciones recíprocas de los siete planetas.

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Siguiendo el ejemplo de anteriores Templos, el de Salomón contaba con tres estancias principales atendiendo a un modelo de gradación del espacio sagrado. En hebreo una cosa es “santa” cuando está separada (del verbo kadosh), por eso el lugar más santo (el Debir) es el más inaccesible. El sanctasanctórum representaba la presencia de Dios, que se comunicaba con los hombres a través del arca de la Alianza. Los dos querubines se relacionan con los nombres de Dios –Iahvé y Elohi–, con sus atributos gemelos de justicia y misericordia. El velo representaba la tierra material; y sus cuatro colores, los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego.

Los doce baluartes que rodean el tabernáculo representan a las tribus de Israel, asociadas a su vez estas a un signo del zodíaco, lo mismo que en los cuatro baluartes interiores próximos al lugar más sacrosanto (Debir) figuran el mundo sublunar de los cuatro elementos.

El atuendo del sumo sacerdote también era simbólico. Las dos piedras de ónice de los hombros representan el sol y la luna, y las doce piedras del pectoral, los doce signos del zodíaco. Durante sus oficios en el templo, el sacerdote lucía todos estos símbolos, pero cuando penetraba en el lugar santo solo vestía una túnica de blanco inmaculado.

Respecto a qué entendemos por “mesa de Salomón”, en buena lógica hemos de identificarla con la Mesa de los Panes de la Proposición descrita en Éx. XXV, 23-30.

Josefo nos narra cómo, al igual que el velo del Debir o lugar más santo representaba los cuatro elementos del Universo; el candelabro los siete cuerpos celestiales, las doce obleas de los Panes de la Presencia se relacionan con los signos del zodíaco.

Si nos atenemos en consecuencia a las descripciones que sobre el Templo nos transmiten todas las fuentes relacionándolo con los misterios celestes, entenderemos que al tiempo que una función ritual, los objetos sagrados presentes de la liturgia hebrea cumplen una finalidad “mágica” suplementaria que se relaciona con la Astrología.

Ahora bien: ¿Cuál era la posible funcionalidad de la Mesa de los Panes de la Proposición?

Una vez al año, durante la ceremonia de la expiación, el sumo sacerdote penetraba  en el interior  del Debir y pronunciaba una fórmula secreta, y lo hacía revestido de un pectoral con propiedades mágicas, engarzado con cuatro piedras que aludían a las tribus de Dan, Efraím, Rubén y Judá. Esta fórmula se conoce como Shem Shemaforahs.

El análisis que, sobre la hexalfa, “Sello de Salomón” o “Estrella de David” nos ofrece una de las voces contemporáneas más autorizadas en el campo de la mística y la cábala judía, Mario Satz, nos puede acercar al misterio:

El nombre hebreo del hexágono es meshushé, palabra que contiene doblemente a Moisés –transmisor y codificador de la sabiduría contenida en la Tora– y al nombre hipostático de Dios ha-Shem… Moshé, que la Biblia traduce por “salvado de las aguas”, era el nombre egipcio para los que habían pasado por el bautismo iniciático. Siendo seis el número que encierra el hexágono, tenemos que sus caras totalizan la cifra bíblica del hombre, quien, según el Génesis, aparece al sexto día de la creación.

Sin embargo, no se sostiene, como está recogido uno tras otro en todos los libros contemporáneos que hacen mención a la Mesa de Salomón, relación alguna directa entre Mesa, Debir y ceremonia del nombre, por cuanto, sencillamente, la Mesa de los Panes de la Presencia no estaba en el interior del Santo de los Santos sino en una sala contigua. El por qué se ha llegado a relacionar la Mesa de los Panes con la ceremonia del nombre es debido al profano desconocimiento del significado último de la mística judía en relación al Templo.

La mística judía solo puede ser entendida tomando en consideración los muchos préstamos que toma de culturas limítrofes, toda vez que extrapolando una sabiduría trascendente extranormativa: la egipcia. Solo así entenderemos que la Mesa tiene su propio valor sustantivo independiente de la ceremonia del nombre que sucede en el interior del lugar más santo. Esto es: es un elemento eucarístico de profundo significado esotérico, místico y cabalístico.

Centrémonos pues en qué viene a significar la mesa de Salomón

El er Ankh o “casa de la vida egipcia”, era mucho más que un templo; era un templo-laboratorio, punto de apoyo y epicentro verbal de la profecía. Esta en el mundo antiguo se resolvía con sentido místico. El pueblo hebreo vivió primero bajo el régimen de la más estricta teocracia. Un jefe como Moisés y su sucesor Josué, son representantes de Dios con el de estatus profeta.

Al igual que en las antiguas culturas, como la hindú, los reyes acudían a los sanyasines o sabios ascetas ambulantes para conocer el destino de los tronos. El descenso topográfico de Jerusalén a Silo, donde antaño tuvo su escuela profética Samuel, señala hasta qué punto la casta de los reyes dependía para su subsistencia de la sanción profética de los videntes sabios.

En los textos de las pirámides se repiten frases sobre el denominado “destino estelar del rey”. El rey debe ser “ungido” y cumplirse sobre él la profecía; y así, mediante esta sanción divina, su persona adquiere una doble condición: es rey y sacerdote. Cuando Samuel vio a Saúl, le dijo Dios: “Ese es el hombre del que te hablé; es él quien reinará sobre mi pueblo…” Así nació la realeza en Israel.

A partir de David se establece el principio dinástico por gracia de Dios. Y es en un himno real (Salmo 109) donde más claramente se especifica que la ceremonia de coronación atiende a un oráculo, por el cual al príncipe se le imponía las insignias reales, que eran el nezer o corona real, y el edut o testimonio y decreto. La semejanza entre los textos ceremoniales de la corte egipcia y la profecía de Natán es calcada. El llamado “protocolo del rey” de los textos egipcios, se englobaba dentro de una ceremonia de entronización, muy precisa e indispensable. Contenía el nombre del nuevo rey, la entrega del poder, la designación divina y el augurio de perpetuidad del reino.

El hecho de que Salomón traslade el arca al Templo, lo que al instante lo convierte en Santuario Real, depósito de las tradiciones sagradas de Israel, y de que en este existiese una columna o podio, junto al cual, o sobre el cual, el rey está en pie durante ocasiones solemnes como la entronización o la renovación de la Alianza, apunta a que es muy probable que la Mesa de los Panes tuviera una función ritual añadida asimilada al aludido protocolo del rey, es decir, que sobre ella (cuyo tablero era un zodíaco, no lo olvidemos) se sancionase la ceremonia de entronización. De ahí su importancia.

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Esta tesis viene avalada por el significado simbólico de todas las ceremonias de coronación posteriores, inspiradas inequívocamente en la de los reyes hebreos. Así en la ceremonia de coronación de los reyes franceses durante la misa, en el momento del ofertorio, el rey, entre otros objetos simbólicos, lleva al altar un pan de plata y un pan de oro.

Estas correspondencias simbólicas ya nos las explica Filón de Alejandría al relacionar la piedra, que es el mesías (ungido), con el pan o mana. Correspondencias que vienen marcadas por la asonancia entre Bet-El (la casa de Dios), y Bet-Lehem (casa del pan), donde precisamente nace el Mesías, quien afirma ser el “pan bajado del cielo”. El verbo divino es relacionado según la tradición rabínica y posteriormente por la exegesis cristiana, con la roca del desierto, la piedra de Jacob, la piedra shethiyah y la piedra angular. 2

Si atendemos, tal como describen las fuentes, a que la Mesa de los Panes se asimila a un zodíaco, resolveremos que su simbolismo y posible función ritual encaja muy bien con el desarrollo del ritual de coronación, pues en última instancia el rey se convierte él mismo en un cosmocrator cuya función es la de santificar el tiempo mediante la observación del ciclo litúrgico y de las fiestas que corresponden, como se sabe, al movimiento del Sol en el zodíaco.

La Mesa como altar, no es solo una mesa, es una “piedra”. En el fondo del simbolismo de la piedra yace la intuición primordial del alma humana (por eso el Grial también es el corazón). La piedra caída del cielo (lapis exilis) elemento eucarístico asociado a la Mesa de los Panes de la Presencia que ha dado lugar a los distintos griales alcanza su máximo esplendor en la ceremonia de coronación que se celebraba en el Templo de Salomón y posteriormente en todas las cortes reales e imperiales, pues tras finalizar el nuevo rey adquiría un nuevo estatus: el de Ungido y pasaba a gobernar por derecho divino. Era Rey-Sacerdote en la tierra 3 siguiendo el orden de Melkisedec.

Resumiendo: Desconozco si los visigodos llegaron a considerar a la Mesa de los Panes de la Presencia más allá de su función eucarística o de su valor crematístico, pero es indudable que todas las ceremonias de coronación posteriores empezando por la suya (liber ordinum) se inspiran en el carácter sagrado de la monarquía hebrea, donde el simbolismo cósmico está en relación con la función regia. Avanzados los siglos el simbolismo de las flores de lis vendrá a sustituir a los signos de los astros y mucha de la escenografía en torno a las monarquías europeas se inspirará en el zodíaco. Cuando el arzobispo tome de encima del altar la gran corona llamada «Corona de Carlomagno”, y los Doce Pares, 4 en círculo, la sostengan sobre la cabeza del rey entenderemos la raíz de muchos mitos griálicos. Sabemos que había seis Pares eclesiásticos y seis Pares laicos, haciendo alusión a la autoridad espiritual y el poder temporal del rey.

Sea como fuere, en la fachada de la catedral de Reims, catedral de la coronación de los reyes de Francia, está esculpida la escena de coronación de David por Samuel y la historia de Salomón. Y el simbolismo eucarístico de consagración del Pan hebreo ligado al de la piedra, mantiene una alambicada interpretación teológica en relación a Jacob, los distintos griales y la santificación del alma. Una herencia que resurgirá más tarde con la reviviscencia de los elementos más ricos del celtismo engarzado en el cristianismo como portador de la tradición primordial.

NOTAS

  1. Más tarde las sinagogas integrarán esta íntima relación, como puede verificarse en un mosaico del siglo IV perteneciente a la sinagoga de Tiberíades, en el que se representa a Helios –el sol– conduciendo un carro celestial y rodeado por los doce signos del zodíaco.
  2. Ver René Guénon, cap. XLIII y XLIV de Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, titulados respectivamente “La Piedra Angular” y “Lapsit Exillis”.
  3. En el Sefer yesod mora de Ibn Ezra se especifica que: “el altar de incienso estaba colocado entre la Menorah y la Mesa de los panes, fuera del cortinaje, y el altar era más alto que ellos. Esta desigualdad de niveles sugiere la correlación con los otros dos niveles (Universo y Tierra). De este modo, Menorah y altar se corresponden, respectivamente, con los planetas y luminarias y con la parte habitada de la Tierra en el hemisferio norte. Del tercer elemento, la MESA DE LOS PANES DE LA PRESENCIA (o de Salomón), Saadia el Gaón apunta a que se corresponde con el hombre en el mundo inferior o Tierra.
  4. La Institución oficial de los «Pares del Reino» se remonta al siglo XI o XII, pero en realidad es una idea antigua de la herencia germánica, la de los «Hermanos del reino».
José Ignacio Carmona Sánchez es escritor, conferenciante y experto en simbología, masonería y filosofía de la historia. Su trayectoria de décadas en la investigación del Toledo esotérico y la herencia sefardí le ha valido reconocimientos como la Medalla de las Cuatro Sinagogas de Jerusalén. Es autor de libros de referencia como 'Toledo y la Mesa de Salomón' o 'La España Mágica', colaborador habitual en medios audiovisuales y director del programa 'Soñando Sueños' en Radio Sefarad, actualmente también colabora con Iberia Mágica.

Para profundizar en los temas que trata José Ignacio, te recomendamos este vídeo: Claves de la Cábala y la Mesa de Salomón

En este vídeo, el propio José Ignacio Carmona explica la conexión entre la tradición judía, la cábala toledana y el simbolismo de objetos sagrados, aportando el contexto perfecto para su artículo sobre la Mesa de Salomón.